Catedral de Justo Gallego
 
       

Él 12 de octubre de 1961, Justo Gallego colocaba la primera piedra de la construcción que se proponía hacer con sus propias manos apropiadas: nada menos que una catedral.

Hijo de agricultores y nacido en Mejorada del Campo, una aldea a 40 quilómetros de Madrid, este hombre con más de 80 años de edad, a pasado más de mitad de su vida reciclando embalajes y otras basuras que transformó en fundaciones de un templo de ocho mil metros cuadrados.

Todo empezó con una vocación retrasada, el deseo de ser sacerdote. Tendría cerca de 30 años, cuando en la década de 50 se enclaustró de María de Huerta en el convento de Santo, en Soria, España. Durante siete años estudió allí y si formó, hasta que enfermó con tuberculosis.

El peligro de contagio a impulsado la comunidad del convento a expulsarlo. Gallego se sintió apartado de su objetivo de ser sacerdote y cayó en depresión, hasta ser iluminado, según afirma, con un desafío que le dio sentido a la vida. Se proponía levantar una catedral en homenaje a la Virgen del Pilar, la patrona de España.

 
 
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